Balbuceos postreros: 2 poemas del poeta chileno Hans Paul Manhey

Literatura
octubre 25, 2019

Voz de agua 

Por el sendero tu sombra se extiende,
en fantasmales fragmentos.
Mis ojos se desbordan.
Abro los ojos y veo las señales que indican
el cruce de caminos.

El núcleo del enigma se oculta en lodazales,
acuoso nudo ciego,
vertiente y sepultura.
En tus labios cerrados se duerme la plegaria.
Leños como osamentas se pudren en la orilla.

Aquel que anima el cosmos con amoroso afán
espera en un recodo que se abra nuestro pecho
y se caigan vacías las inútiles máscaras.
Fango espeso, raíces,
ácidas aguas muertas.
La sombra borra los fulgores de la esperanza.

Giro en espirales.
invoco lo que resta
de vida en tus latidos.
Amo lo que hay en ti de vida.
No escucho tus lamentos.
Algo me dice que te aferras
al cansado murmullo de mi flauta de barro.

Siento que estoy muy cerca.
Siento que aún me esperas.
Siento que el fango espeso te lleva mi calor.

 

Nacencia lírica

Sutil,
Subrepticio,
perdurable;
un sublime rumor
germina entre mis venas.

Perdura,
me inquieta,
me conmueve.
Es distinto al susurro que envuelve
el domo circundante,
al estertor que agita mis entrañas,
o al sonido sofocante de mis bronquios.
No es enfadoso, como el frecuente
zumbido en mis oídos.

Recóndita presencia,
imprecisa,
sin un origen cierto.
Puedo pensar
que es el soplo preciado
de un ente numinoso,
una voz prodigiosa
o el eco subyacente de la lira de Erato.
No me quiero engañar
con mitos fantasiosos.
Lo que incuba mi pecho no viene desde fuera.

Ese germen surgió y busca germinar,
sin prisa,
nutriéndose en meandros
de mi oscura conciencia.
Difusas sensaciones,
alegrías, pesares,
oníricas imágenes,
ausencias, remembranzas;
se adhieren, se confunden,
enhebran filigranas
en torno a la recóndita e inefable criatura;
mientras germina oculto
el impalpable embrión.

La impaciencia malogra,
Indiscreta,
su frágil equilibrio.
El idílico fruto
Irrumpirá pletórico
cuando sea el momento;
no cuando yo la abrace,
o los astros la invoquen.

Con reverente anhelo
cubriré su contorno
con los lienzos verbales
que mejor le acomoden.
Con esmero de artífice
enlazaré las voces
dignas de revestir
la emergente presencia.

Buscaré las palabras
capaces de abrigar el preciado portento.
Mi presuroso afán
no logrará cubrir la naciente figura.
Resultará mezquino,
dirá algo distinto.
Se quedará en detalles de poca trascendencia.

Cuando logre avistar
lo sublime que encierra
la imagen subyacente
intentaré dar forma al ropaje adecuado.
Ni más amplio o estrecho. La medida precisa.
Sin olanes ni ornatos que resulten superfluos;
el ritmo y el color; la amplitud y el ajuste
no serán arbitrarios.
Cada signo abrirá la esfera de armonía
del símbolo latente en el germen causante
del murmullo interior.

 

 

Hans Paul Manhey nació en Santiago de Chile en 1938. Radica en Ciudad de México desde 1974, con calidad de inmigrado. Profesor universitario de uso del lenguaje (UNAM, FCPyS). Estudios de comunicación, lingüística y antropología cultural.

 

 

 

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