Calaverita a manera de cuento, dictada por Julio           

Literatura
noviembre 1, 2019

 

 

Por Alejandra Inclán (¿o Julio Cortázar?)

 

La huesuda se le presentó a Cortázar, con voz atrevida y con la seguridad de quien siempre gana, le dijo:

─Ay, escritor, te llegó tu noche boca arriba, te has quedado sin esperanzas.

─Che muerte, si no tengo esperanzas, al menos puedo empacar los cronopios ─respondió el argentino.

─Nada, ni las famas ─le contestó la muerte.

─Anda, entonces déjame jugar por última vez la rayuela.

La muerte le seducía la voz grave de Julio, así que asintió, sólo que no contó con que él tenía muy bien pensada su jugada. Sin tropiezos alcanzó el cielo del juego y ahí se quedó sin moverse. Bien es sabido que la muerte no puede pisar ni el cielo ni el infierno, únicamente dejar a los muertos en el limbo, así que no supo cómo sacar al escritor de esa casilla.

Se sentó creyendo que pronto de desesperaría de estar ahí en un espacio tan pequeño. No fue así. Cortázar tenía la experiencia de esperar por mucho tiempo, como cuando estuvo atorado en la autopista del sur. El juego y la paciencia eran sus armar secretas para burlar a la huesuda.

La muerte aburrida de la espera se puso en pie. Dio unos pasos atrás para tomar impulso y, cual perseguidor, intentó alcanzarlo jugando. Brincó cada casilla, pero al saltar hacia el cielo una barrera invisible la repelía y la muy necia caía.

─Vamos, ya no te lastimes más, ve a darte una vuelta al día en 80 mundos, que aquí no entrarás ─le dijo Julio con un poco de pena.

─Noooooo, déjame, voy a intentar un último round ─contestó la huesuda desesperada.

El resultado fue el mismo.

─Si no fuera tan penoso tu intento, te diría que esto es un divertimento. Mejor quédate allá lejos, en la otra orilla. Mientras te cuento la historia de un tal Lucas ─dijo Julio afinando la voz para narrar.

─Lucas voy a quedar si no te llevo conmigo, me van a multar ─Julio pudo ver lágrimas en las cuencas vacías de la flaca, por lo que se compadeció.

─Che muerte, es que qué deshoras las de venir a importunar, aún me quedan un par de cosas que publicar, unos papeles inesperados para mis lectores.

─Es que ya te toca Julio, anda, ya no juegues, que me van a castigar, aparte, te puedo contar que Carol te espera allá arriba.

El escritor se puso lacrimoso. No supo que decir. La muerte aprovechó y lo tentó más.

Los premios… los premios que no ten ha dado, allá te esperan, el Nobel no es nada a comparación de los mundos que creaste.

─¿Eh? ¿El Nobel? Ese nunca me interesó, me llama más la atención lo que acabas de decir. ¿Los mundos que creé? Me gustaría verlos, debe ser como mirar una película de Manuel Antín, mira que adaptó muy bien Cartas a mamá, Circe, El ídolo de las cícladas y Continuidad de los parques. A él te lo llevaste antes que a mí ─reflexionó haciendo un silencio largo─ ¿No mientes? ─la miró fijo y con seriedad.

─Por naturaleza no sé mentir, sólo callar, y lo que me callo para ti, no es nada malo.

─Bueno… me has convencido, hemos llegado al final del juego, tomemos el ómnibus a donde me tengas que llevar.

El escritor Julio Cortázar puso un pie fuera de la casilla del juego. La parca dibujó en el suelo un octaedro donde los dos entraron. Todo empezó a girar. Primero vio oscuro. Luego se supo solo. Por un instante temió encontrarse ante las babas del diablo, cuando se hizo la luz y tuvo un gran recibimiento de seres queridos que se le adelantaron al otro mundo. Todos gritaron al unísono: «Queremos tanto a Julio».

Emocionado el escritor dejó caer unas lágrimas y sin saber qué decir, entre abrazos y saludos, pensó: «Ojalá hubiera llevado un diario de esta experiencia ─pensó conmovido─, un diario para un cuento. Quizás lo pueda dictar a un escritor del futuro. Y como fue con la muerte con quien lo viví, que lo escriba una mexicana, mira que allá celebran a la muerte y escriben versos que llaman calaveritas. Sí, una calaverita a manera de cuento, Eso es esto».

 

Julio Cortázar

1914-1984-Hasta que volvamos a encontrarnos

 

 

 

 

 

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