Aborto maravilloso, del escritor ecuatoriano Patricio Paúl Peñaherrera Cevallos

Literatura
noviembre 5, 2019

 

 

 

Por Patricio Paúl Peñaherrera Cevallos

 

Pasa un minuto y en su mente está atrapado el recuerdo de su última batalla. Encadenada observaba el final del mundo. Cheetah logró apoderarse de un reactor nuclear. Su intención era desencadenar un conflicto global. Ella sudaba y tenía nauseas. De la nada recordó el encuentro casual con un conductor de camiones. Si existía un buen momento para que la Tierra desaparezca, era ese.

El camionero era gordo, descuidado y bastante racista a pesar de sus facciones andinas., tal vez eso lo atrajo de él. Era un hombre común, tomando cerveza común, en un bar de Nuevo México. Ella estaba cansada de súper héroes, súper sexo y cuerpos casi perfectos sin gota de grasa. El salón de la justicia era un ambiente promiscuo. Necesitaba sentirse humana, cometer errores. Aprovechó lo espantosamente aburrido del partido de baseball para mirarlo con deseo, mordió su labio y pidió una Coors light en la barra.

El Gordo come hamburguesas del camionero no sabía que pasaba, pero definitivamente entendió que el coqueteo era con él. Se acercó a ella y creyéndose un adonis republicano se sintió entusiasmado de que una mujer hermosa pida aquella cerveza. Mencionó que se debe preservar los verdaderos valores americanos. Agregó que por eso le encantaba el juego y que era fan de los Astros de Houston.

Luego empezó a hablar maravillas de Reagan y culminó diciendo que los súper héroes son unos anarquistas. El único que vale la pena, comentó, es Superman. En ese instante ella recordó a Kalel borracho, orinándose en la bandera y harto de la humanidad jurando destruir a todos. Sonrió por cortesía y en su cuerpo se producía una extraña fascinación por este animal racista, republicano, plagado de frases hechas que trataba de seducirla.

El Gordo se regó cerveza en la camiseta de Budweiser que tenía puesta y le sugirió llevarla al Motel donde se alojaba. Después le cantó Sweet Home Alabama al oído con su aliento a fritos. Hasta ese momento aún sentía dudas sobre esa extraña fascinación por un ser tan común y simple. Pero vio en sus ojos desorbitados y llenos de colesterol sinceridad.

En el Motel eyaculación precoz, torpeza, una imagen burda plagada de manoseo sin sentido. Ella imaginó su vida republicana junto al Gordo. Tal vez en alguna casa rodante en Moscow Idaho esperando que regrese del viaje. Ella encargada de tres o cuatro hijos, pidiendo ayuda gubernamental para poder alimentar a la familia. Seguro, el Gordo con su aliento a cerveza y fritos, le golpearía y ella terminaría asesinándolo, apretando su garganta con su lazo mágico.

Mientras el abominable sujeto dormía sobre ella sintió un extraño placer por imaginar esa vida miserable. Antes que amanezca y debido a los ronquidos del Obeso decidió levantarse y vestirse con esa vergüenza de siglos y siglos impuesta para el sexo casual. Se dirigió a su avión invisible. En el cuartel de la justicia se bañó por una hora, pero su cuerpo seguía oliendo al sudor del camionero que era peor que orina de zorrillo.

Regresó de ese recuerdo largo y Cheetah hablaba sin parar de sus planes de someter al mundo a una dictadura total. Pensó que una dictadura femenina sería genial. Incluso dudó sí interponerse en el plan de su archi enemiga era lo correcto. Se imaginó a Chettah sometiendo a todos esos machos neandertales a torturas largas y dolorosas y sonrió. Pero sabía que su deber era salvaguardar la democracia y la libertad de los ciudadanos. Se lo hizo saber a su colega con esas palabras sacadas de los cómics de DC.

Ya pasó dos minutos y encerrada en el baño quiere olvidar para siempre que es mujer. Se siente agobiada y le invade un nuevo recuerdo. Su madre, en su trono, ella mirándola a los ojos. La charla sobre la menstruación, la responsabilidad de tener sexo, la importancia del consolador. Se fastidia y sabía que su mamá nunca entendería lo difícil de vivir en la Tierra. El amor entre mujeres es mucho más libre. Volvió a abrir los ojos y el baño seguía igual de blanco, el tiempo no pasaba y la prueba de embarazo era cada vez más clara.

Cerró las piernas para no aceptar la realidad. Lloró un poco y viajó al futuro. Los periodistas indagando quién era el padre. Superman y Batman juzgándola como si fuese una criminal. Los contratos con firma deportivas siendo cancelados. La lactancia, el reposo, Chettah conquistando el mundo. Pensó que Chettah podría ser una buena madrina.

Sabía que el Gordo come hamburguesas solicitaría la paternidad y sería el héroe entre camioneros, el futuro se tornaba oscuro y mientras se subía el pantalón y su interior azul recordó la Segunda Guerra Mundial. Los aviones, la explosión, su primer amor. Fue a verlo y lo encontró senil postrado en una silla.

Los ojos celestes cielo no la recordaban. Estaba ido y ella al oído le susurró que iba a ser madre. Pareció hacer un gesto de pena. Al mismo tiempo no se inmutó. En ese momento supo que no debía traer otro sujeto al mundo. Que en su profesión era arriesgado tener familia y recordó la triste historia del Gemelo fantástico, el asesinato de su hermana y de su mono y cómo esto lo trastornó llevándolo a ser adicto a la heroína y vivir en alguna esquina de un pueblo de Ohio convirtiéndose en agua para ganar alguna moneda.

Tomó valor, cogió su avión invisible en vuelo a Nashville. Entró a una clínica de aborto. Olía a desinfectante de lavanda, mezclado con cigarrillo, cuero de botas y música country. Allí volvió a sentir ese cosquilleo de ser normal dentro de la anormalidad. Habló con la doctora y solicitó un aborto. Puso un nombre falso y mientras manifestantes católicos y cristianos gritaban en la puerta frases infernales ella pidió que hagan el procedimiento sin anestesia.

Se estremeció cuando el embrión se desprendió y ella se sentía dueña de su cuerpo. No era La mujer maravilla, era mujer. Volvió a recordar al camionero con nostalgia. El procedimiento pasó volando. En un par de horas se puso su traje rojo, azul y blanco, tomó su lazo, se empoderó, llamó a Cheetah y mandó a la mierda a la humanidad. El aborto es una opción maravillosa suspiró.

 

 

Patricio Paúl Peñaherrera Cevallos nació en Quito en 1981. Estudió Comunicación y Literatura en la Universidad Católica del Ecuador, realizó su Master en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Purdue en Indiana y su doctorado en la Universidad de Tennessee en los Estados Unidos. Ha escrito un libro de cuento titulado Menos de lo esperado y ha colaborado en recopilaciones de autores latinoamericanos. Además, ha realizado ensayos académicos para revistas de crítica literaria. Su investigación se enfoca en la influencia de la vanguardia como productora de nuevos discursos de comunidades silenciadas en América Latina y la relevancia que tiene esto en la actualidad. Esta nueva lectura del siglo XX que propone critica a la modernidad y la imposición de un concepto de homogeneidad frente a la diversidad latente de las naciones creadas
en el siglo XIX.

2 thoughts on “Aborto maravilloso, del escritor ecuatoriano Patricio Paúl Peñaherrera Cevallos”

  1. Ivone Cevallos dice:

    Me gusta. Sin lugar a dudas, evoca este mundo del que dan ganas de salir¡

  2. Montserrat Varela dice:

    La idea es buena pero está mal redactado y lleno de faltas de ortografía y le falta desarrollo, detalles, una voz que identifique al narrador y una razón por la cuál ese narrador cuenta esa historia.

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