Misterios y revelaciones de la memoria, un ensayo del escritor Ulises Paniagua

Artículos
noviembre 14, 2019

Misterios y revelaciones de la memoria

 

Por Ulises Paniagua

Me acuerdo, no me acuerdo[1]. Según el poeta alemán Jean Paul, la memoria es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados. Ello es verdad, sobre todo si tenemos en cuenta que lo que dota de sentido a nuestra existencia (de forma individual o de manera colectiva) son los recuerdos. Dicho de otro modo: evoco, luego existo. Para los autores románticos alemanes como Novalis y el propio Jean Paul, la memoria es un universo de misterios y revelaciones digno de exploración constante, de visitaciones dentro de la poesía y la fenomenología nemotécnica.

Décadas más tarde, Gastón Bachelard se adentra en terrenos inhóspitos en la poética del espacio, dentro de una serie de percepciones y sensaciones que, aunque definidas por un marco temporal y dimensional, apelan a la acuosidad de las formas, a la multiplicidad líquida de recuerdos que se materializan. La evocación de la casa, se vuelve casa a través de la memoria. El nido, como reconstrucción afectiva, vive no tanto en el exterior como en nuestra percepción. El espacio que se habita es, en realidad, aquel que recordamos.

¿Cómo se aborda la memoria? Existen, desde el punto de vista de los neurólogos (quienes conocen del tema) al menos dos tipos de memoria: una a corto, y otra a largo plazo. El Alzheimer, devastadora enfermedad que lleva el nombre de su descubridor (para rememorar su trabajo), es aterradora porque con el paso de los años es capaz de acabar con ambas tipologías nemotécnicas; aunque muestra los más severos visos de alarma a través de los despistes inmediatos ¿Dónde dejé las llaves?, se pregunta uno —en el más completo desasosiego— un minuto después de haberlas colocado en cualquier sitio.

Marcel Proust aborda la memoria a largo plazo a través de los recuerdos de infancia. Desarrolla, con ello, un método de escritura, un sistema de trabajo imitado por cantidad de autoras y autores a través de años posteriores. Mediante la memoria intuitiva rescata olores, percepciones y sabores significativos de otras etapas de su vida, Proust reconstruye una mitología personal. Son célebres, por ejemplo, las magdalenas que remoja en té, siendo un adulto, para quedar capturado con este acto por los recuerdos de su niñez. Los eventos de Marcel infante, visto con los ojos de Marcel adulto (en su saga En busca del tiempo perdido) es lo que el autor nombra memoria remota. Proust revela, en alguno de sus apuntes, que no se trata de reproducir la realidad histórica, los eventos como realmente ocurrieron —si es que se puede hablar de realidad—, sino del modo en que la memoria, a través de un tamiz épico, o bien, introspectivo, reconstruye las significaciones de los acontecimientos para representarlas en los libros, en las películas, en las artes en general, mediante escenas oníricas o simbólicas. La memoria se convierte en material creativo. Es este el modo en el que también José Emilio Pacheco reconstruirá, más tarde, el imaginario de la colonia Roma y de la infancia, en su novela Las batallas en el desierto. Es el mismo método que, de manera consciente o inconsciente experimentará, a su vez, el director Alfonso Cuarón para escribir y filmar Roma.

Recordar es reafirmar. Se evoca lo amado, lo querido, lo que es importante. La memoria brinda sentido a las comunidades y a los países —sin llegar al fanatismo, claro está—, constituye lo que fuimos, pero sobre todo lo que somos como colectividad, y de manera individual. La memoria es patrimonio cultural y afectivo. No es entonces extraña la petición del personaje Caye —en la película Princesas, de Fernando León de Aranoa—, cuando con intuitiva inteligencia pide a su amiga que no la olvide, pues cuando la olvide dejará de existir. Al respecto, Milán Kundera refiere un fenómeno dentro de su famosa novela La insoportable levedad del ser que contribuye a esta somera e informal investigación sobre las posibilidades de lo que se recuerda. En uno de los pasajes del libro, una chica que tuvo relaciones íntimas con Tomás, el protagonista, menciona la tarde en que hicieron el amor, la manera en que la ventana permanecía entreabierta, la lluvia, e incluso algunos relámpagos mientras los cuerpos se entregaban al llamado de la carne. Pero Tomás no recuerda eso; es más, no tiene recuerdo alguno porque para él, un tipo solitario y egoísta, la chica no significó nada más allá de su cuerpo. En cambio, la mujer experimentó una epifanía, aquello a lo que Milan Kundera denomina memoria poética, esa región inhóspita de nuestro ser que es capaz de capturar los hechos significativos de nuestra vida.

Podemos complementar la idea de la memoria poética con ciertas significaciones inconscientes. Los sueños y las pesadillas recrean, a su modo, recuerdos bellos o tormentosos. Los magnifican, volviéndolos alegoría. Citemos, para ejemplificar lo que se comenta, algunas poderosas escenas de sueños en películas de Luis Buñuel o de Andrei Tarkovsky. Incluso hay obras artísticas que, a través del surrealismo o de una narrativa simbólica, responden al inconsciente de la memoria poética sin recurrir al sueño. Como ejemplo tenemos El séptimo sello, de Ingmar Bergman, y La infancia de Iván o El perro andaluz, de los citados Tarkovsky y Buñuel, respectivamente. En tales películas parece recordarse lo que en realidad se vive en la más pura expresión poética de una suma de presentes, como solía concebirlos Walter Benjamin. Se recuerda un sueño presente y despierto.

En la cara opuesta de las operaciones cerebrales, olvidamos por protección o vocación. Hay hechos que no se deben recordar, de ningún modo, en búsqueda de paz interior. Del olvido al no me acuerdo, menciona el título del documental del mexicano Juan Carlos Rulfo, con precisión. Del olvido más vale no acordarse, escribí en un verso de mi primer poemario. Es tan corto el amor, y tan largo el olvido, señaló a su vez Pablo Neruda. Es que olvidar permite dejar atrás desamores, desilusiones, cualquier circunstancia que pueda hacernos pedazos. Sobrevivimos a la memoria. Olvidamos para sobrevivir.

La memoria puede, por otra parte, absolvernos o convertirse en maldición. Jorge Luis Borges, en uno de sus cuentos, imagina un soldado que es capaz de desplazarse en el tiempo para borrar el recuerdo de un acto de cobardía dentro de una batalla crucial en la historia argentina. Al reparar el recuerdo, se repara la culpa. Algo similar ocurre con el protagonista del film Amnesiac, de Cristopher Nolan, o con el célebre personaje Jason Bourne, de las cintas de acción dirigidas por Paul Grengrass. Es hasta que los personajes cobran consciencia de sus recuerdos, que son capaces de discernir las acciones correctas a tomar. La memoria es, por su parte, una maldición en historias como Despertares, de Oliver Sacks, donde a los pacientes de una clínica les es concedido recordar y disfrutar sus vidas por un breve lapso, para caer luego en el infierno de la desmemoria y el ostracismo. Funes el memorioso, también de Borges, es un personaje que sufre ante su inevitable capacidad de almacenar eventos o datos históricos. Recordarlo todo puede conducir a la locura, eso puede certificarlo cualquier persona hipersensible.

En fin, que los recuerdos son materia líquida moviéndose a través de nuestras dendritas y, ¿por qué no?, del alma misma. La memoria es un truco para soportarnos, pero también es una confirmación de que existimos. Recordamos para ser. Olvidamos y recordamos para sobrevivir. En última instancia, como lo insinúa el poeta alemán, es decisión de cada quien, pues nadie puede expulsarnos del paraíso de lo evocado. Somos, entre humo y aire, puros recuerdos. A la par, somos la corporalidad de nuestra memoria.

[1] Frase inicial de la novela Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco.

 

Ulises Paniagua (México, 1976)
Narrador, poeta, videasta y dramaturgo. Ganador del concurso internacional de cuento de la Fundación Gabriel García Márquez, en Colombia. Posee dos posgrados en la especialidad de imaginarios literarios. Es autor de las novelas La ira del sapo (2016), y Ese lugar existe (2017); así como de cinco libros de cuentos: Patibulario, cuentos al final del túnel, (2011), Nadie duerme esta noche (2012), Historias de la ruina (2013), Bitácora del eterno navegante (Abismos, 2015), y Entre el día y la noche (UAM). Su obra incluye cuatro poemarios: Del amor y otras miserias (2009), Guardián de las horas (2012), Nocturno imperio de los proscritos (2013), y Lo tan negro que respira el Universo (2015); así como los CDs sonoro-poéticos: Cuadriversiones (2013), Clandestinos y nocturnos (2014), y Mientras nos queden labios con qué cantar (2016). Ha sido divulgado en antologías, revistas y diarios nacionales e internacionales, incluyendo Nocturnario, El búho, Círculo de poesía, Nexos, Siempre!, El Sol de México y Jus. Columnista de la revista Horizontum. Es parte del catálogo de autores del INBA, y ha sido publicado en la Academia Uruguaya de Letras; así como en España, Italia, Perú, Cuba, Venezuela, Argentina y Costa Rica. Primer lugar en el Concurso Literario de Cuento “La caverna” (2016). Mención honorífica en el Concurso Nacional de Cuento Criaturas de la Noche (2007), y del Premio Endira de Cuento Corto (2016), fue antologado en: Poesía Latinoamericana Giulia Gonzaga (Italia, 2008), y en Poetas del siglo XXI (España, 2014). En el 2011, con su colaboración literaria con el grupo Kanga, obtuvo el primer lugar en el concurso nacional de España, Tú sí que vales. Locutor colaborador en el programa Jazz Arquitectónico, de Radio Anáhuac. Conductor del programa Todos los libros, el libro, en Radio SOGEM y del programa Emotrópolis, en Radio IPN. Ha sido tallerista en CONACULTA, en la UAM, en la Fundación René Avilés Fabila, con Secretaría de Cultura, así como becario de CONACYT (2014-2016; 2018-2021). Su obra ha sido traducida al inglés y al italiano. Correo electrónico: sesilu7@yahoo.com.mx.

 

 

 

 

1 thought on “Misterios y revelaciones de la memoria, un ensayo del escritor Ulises Paniagua”

  1. carlos saavedra dice:

    La memoria es un fantasma que se libera cuando la soledad ahonda. Disfruté la lectura de este gran escritor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *