ESCRITORAS MEXICANAS: Carla Cejudo

Literatura
noviembre 23, 2020

Al tres por dos

 

Felipe despierta a las seis de la mañana, pasó una mala noche dormido en el sillón de la sala después del pleito con su pareja: solo por unas donas que traje: tres docenas por el precio de dos, una excelente oferta. Quiso explicarle que se podían recalentar en el microondas, pero ni siquiera le permitió abrir la boca.

—¿No te das cuenta de lo que haces? Tienes diabetes, arritmia, te duelen las rodillas… ¿qué parte no entiendes?

Sin más, se encerró en la recámara, lo dejó ahí, con sus tres docenas de donas. Así que, aprovechando que estaba solo, se preparó un café con leche y se comió la primera media docena, sino se van a echar a perder.

Revisa el celular y se percata del silencio, pasan de las siete y media y su pareja ya debería estar en el baño, toca la puerta y le llama por su nombre. Silencio. ¿De verdad todavía está molesta? creí que se le pasaría y disfrutaríamos un rico desayuno, así se daría cuenta de que tengo razón, las donas se pueden recalentar en el micro. Vuelve a tocar a la puerta y mueve el picaporte, le sorprende que no esté echado el seguro. Entonces ya no está enojada, qué bueno, así podré comerme dos donas sin que se moleste, una de chocolate y otra de moka o granillo.

Se ha ido. El clóset está abierto, se asoma y descubre que algo falta, no le da importancia porque tiene que ir a la oficina, …se me va a hacer tarde, mejor desayuno y pienso qué le voy a decir para aclarar el malentendido. No puedo creer que se haya llevado cosas. No es para tanto; por favor, si nunca discutimos, ¿no se da cuenta?

Ve el paquete que dejó abierto, lucen secas: el glaseado quebrado, deshidratadas. Toma una para probarla, busca el plato donde se sirvió anoche. Mmm, no saben tan mal frías; mejor, si no se hará tarde. Al no saber cuál elegir, se sirve sus favoritas: chocolate, moka y granillo. Empuja vasos, platos para hacer espacio: ahora sí, con calma, pensemos qué le molesta a la flaquita.

… ¿De verdad es tan grave lo de la comida? No estoy enfermo por comer, es mi genética. Ella sabe que puedo dejar de comer cuando quiera, no tengo ningún problema. Se lo voy a demostrar… Con decisión suelta la dona que tiene en la mano, se levanta, toma una bolsa negra para basura, lo primero que echa son las donas sobrantes, después toda la comida chatarra que encuentra en la alacena. Limpia el refrigerador, lava los trastes. La casa queda reluciente, mientras piensa ¿ves flaca?exageras, estoy perfectamente bien, puedo solo, siempre he podido; cuando regreses en la noche y veas que bien dejé todo se te va a pasar la molestia. Es más, ahorita te llamo y arreglamos este estúpido lío. Tú sabes que no tengo ningún problema, es solo que me encanta ver la tele contigo y quería consentirte. Pero si el problema es la comida, te voy a demostrar que yo puedo. Ahorita acabo de alzar, me arreglo y nada de porquerías durante el día.

Cerca de las diez la casa luce impecable, buena hora para llamar: el número que usted marcó está fuera del área de servicio o se encuentra apagado. Le sugerimos llamar más tarde. Al rato vuelvo a marcar, ya es tarde.

Sale de casa decidido a comprar solo café y fruta antes de llegar al trabajo; porque a partir de hoy será una nueva persona.

Cuando llega a la fonda se percata de la hora, falta poco para que sean las doce. No siente hambre, pero…A ver, son más de las once, mejor como algo ahorita y no salgo de la oficina; sería mucho cinismo de mi parte llegar a esta hora y en un rato volver a salir. Tampoco se trata de llegar con comida; si como esos chilaquiles ahorita puedo quedarme a la hora de la comida y revisar los pendientes…Sí, es lo mejor, así aprovecho para estar solo y hablarle.

Se sienta, pide los chilaquiles e intenta comunicarse: el número que usted marcó está fuera del área de servicio o se encuentra apagado, le sugerimos llamar más tarde. ¿Lo habrá apagado? ¿Está tan enojada? De verdad, no entiendo, no es para tanto. Mientras rumia sus pensamientos; cucharada tras cucharada, la comida pasa por su boca, casi sin masticar.

A la dos de la tarde las letras bailan en la pantalla, se sofoca, percibe un frío que le corre por el cuerpo. Me falta azúcar, necesito una coca. No, no, necesito respirar. No es posible que no me llame, chingao. Me voy a desmayar, voy a hacer el ridículo, le he marcado dos veces y vuelvo a escuchar esa idiotez… el teléfono que usted marcó… ¿Cree que le voy a estar rogando? Sabe que si estamos enojados ninguno de los dos funciona… ahora por su culpa me siento mal, necesito azúcar…

Un compañero lo interrumpe:

—¿Y ahora tú qué tienes, estás super distraído, no ves que esa chamba tiene que salir hoy?

—¿Me veo enfermo? —

No, para nada cabrón. Te ves chingón, como siempre.

—Creo que estoy mareado, acompáñame por unas galletas aquí a la vuelta y me apuro.

—Galletas, seguro regresas con gansitos y choco-roles.

—Sabes que con eso fluyo, fluyo, fluyo. Te juro que esto sale hoy cabrón, aunque me amanezca. Con ayuda de dos bolsas de cacahuates, cuatro gansitos, dos choco-roles, y tres capuchinos-moka, botella de vidrio, logra terminar el día. Con nadie platica lo sucedido, está seguro de que es un pleito sin importancia.

Llega a casa con la esperanza de encontrar a su pareja; le voy a decir que todo el día me porté bien, que cenemos una ensalada, que llegué tarde al trabajo por dejar la casa limpia, porque ella es lo más importante para mí. Claro, también le voy a preguntar dónde anduvo. Toda la tarde le marqué y en todas me mandó al buzón. No quiero pelear, en realidad no importa, solo ya no quiero pelear, ¿es tan difícil de entender?, a algunos les gusta tomar, a mí no; otros se van de parranda, a mí me gusta salir con ella; ¿cuál es el problema? ¿la comida? a ella le encantaba que la invitara a buenos restaurantes; que descubriéramos nuevos sitios, únicos… hasta proponía probar comida típica y ahora se enoja, ¿de verdad?, ¿por unas tristes donas?

Abre la puerta, la casa está vacía; recuerda que algo se llevó en la mañana; va al closet. Aquí estuvo, no quiso contestar.

El número que usted marcó está fuera del área de servicio o se encuentra apagado, le suger… Cuelga y entiende que no va a regresar.

Ahora sí vas a saber quién soy, no te volveré a buscar.

Toma el celular:

—Hola. Tengo muchas ganas de saludarte, sé que han pasado meses desde la última vez que te busqué, pero ambos sabemos que para eso son los amigos.

—Ay Felipe, sabe que se le aprecia. Venga cuando guste.

—¿Te parece que nos veamos donde siempre?

Toma una bolsa negra de la cocina y sigue hablando solo: no tienes idea de lo que hiciste, nadie te va a querer como yo, por ti dejé muchas cosas atrás.

Antes de entrar al cine, llama al mismo teléfono que antes:

—¿En qué sala te encuentras?

—En la tres.

Compra su boleto. Va hasta las filas del fondo. No presta atención a lo que sucede en la pantalla. Desde que empezó a vivir en pareja no la visitaba. Revivirá su pasado, en el fondo lo ansiaba. Le esperan grandes sorpresas, lo sabe; la emoción lo hace sudar, siente escalofríos. Urge que prendan las luces. No logra acallar sus pensamientos: crees que tengo problemas con la comida, no tienes idea de lo que dices… en realidad es tu culpa, no me apoyas. Pero mañana… mañana seré otro, yo puedo dejar de comer cualquier día, cuando yo quiera, pero tú, ya verás.

En cuanto la sala queda vacía ve acercarse a su amiga, saca un billete y se lo entrega. Ella sonríe y lo guarda en la bolsa del delantal. Adelante haga lo suyo, le dice.

Felipe sonríe. Saca la bolsa negra. Se cerciora de que no haya nadie en la sala y recorre rápidamente las butacas de la sala: a la bolsa entran los botes semivacíos de palomas; chocolates; gomitas, lunetas y hasta algún hot dog a medio comer. Prueba una sobra de crepas, lo demás puede esperar hasta llegar a casa.

 

 

Carla Cejudo, desde niña quiso dedicarse a la escritura como una forma de volar, evolucionar, transcender, compartir, gozar, sentir. Esta idea la motivó a estudiar periodismo, donde descubrió que quería compartir lo interesante y valioso de la vida. Al llegar a los cincuenta comenzó un tiempo de introspección sobre los anhelos: verse sentada con una pluma y un tintero en una pequeña buhardilla… con mitones, escribiendo sobre las pasiones y sentimientos del ser humano. Las revistas “En sentido figurado” y “La llama azul” han servido de marco de varios cuentos de su autoría; así como en la revista digital “Elocuencia”. Su microcuento “Decepción” fue publicado en Los 100 Mejores Minicuentos de la Cuarentena, compilados por Ruth Pérez Aguirre, XIV Festival Palabra en el Mundo, Ediciones Hturquesa Cartonera. También participó en la Antología “Ay dolor ya no me duelas tanto…”, editada por la Academia Literaria de la Ciudad de México, donde participa en la actualidad como Coordina del Programa Digital. Su sueño primigenio ha encontrado eco en el Taller Literario GestaCuentos, que dirige en coordinación con Guillermo Torres.

 

 

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