CICLO DE LITERATURA PERUANA: Melissa Olivares

Literatura
mayo 11, 2020

 

 

Roma, Vaticano

 

Los ángeles se transformaron en querubines
y los querubines se hicieron zapatos de cisnes
Luego, los cisnes se transformaron en patos
y los patos en lago y el lago en nenúfares
y estos en flores
y las flores llegaron a una casa a dos aguas
y estas se partieron en el techo
y el techo a dos aguas hizo otra casa
y la casa un rebaño
y el rebaño una estampida
y todas las colas de esa estampida
hicieron un ritmo armónico
mataron a los malos ángeles
le dieron un nuevo lugar a los cisnes
cercenaron cada zapato de ellos
se cubrieron de los nenúfares y
dejaron a las flores libres
y después siguieron el camino
de la lluvia en el techo a dos aguas
y todos durmieron
Entonces, Tú, dime por qué para una niña
de vestido azul con todos los pliegues de dos continentes
por qué conoce una ciudad
luego otra y otra y otra
y el tren toma sus zapatos
y los zapatos toman las huellas de cada país
y cada país toma su energía
y su energía no se convierte en estampida
Y yo sí sé por qué
porque has dejado de ser
algo convertible en ella
Entonces la vida ya no gira o se superpone
solo va cayendo
sin transformación, sin conmoción
en el último pato del mundo
que ella va a observar ahogarse

 

Satriani

 

Oye, gatito, te voy a contar la vida del humano
hay postes desbarrancándose las últimas líneas con que jugábamos
edificios construidos para adentro para que se diga que la unión existe
que la guarida de ellos es mejor que la que tú construyes en los huecos de mi cama
pero son solo cajas de arena haciendo montes de excremento
pero son solo montes de excremento haciendo cajas a la vida, creando pliegues mal hechos, rasgando lo no instintivo de nosotros
El pensamiento es lo que rasga, gatito

Decimos que la vida es corta y mentimos
tenemos que hacerlo,
porque tú duras quince años
y nosotros más
porque tenemos que ir contra el tiempo para decir que nos iremos pronto
después de ti
desde este lado de estar parados esperando lo que no va a llegar
como cuando un vidrio o mis brazos te impiden atajar una abeja
porque cuidamos más de la cuenta
porque el pensamiento es inseguro porque nuestras dudas son bigotes tuyos
pero sin desarrollo y un salto puede ser una caída que no aprendemos
así entrenemos como tú e intentemos inmovilizar cuellos

Sacamos siempre las uñas porque el dolor para nosotros es magnético
no es que se quema una casa y alguien corre a tus hombros para ser salvado
a veces, solo nos sentamos a esperar el fuego y luego decir que las cenizas
nos darán una nueva moral y que estar rotos es el paso a estar pegados
pero no es así, gatito, somos un error sin ensayo, con árboles para subir
pero optamos porque ellos bajen a nosotros y nos sentemos en una talladura
como el rey felino, pero sin sistema auditivo
hemos dejado de oír
no tenemos un sinfín de llantos como tú de maullidos
tenemos solo uno, tan estándar tan constante que ya no suena a nada y no nos mueve a nada
no tenemos patitas para no hacer ruido
inventamos suelas para no mostrarnos
para decir que hemos también intentado cazar aunque nunca hayamos corrido como tú
Y cuando perdemos personas recogemos nuestras marcas, tomamos nuestros pasos
mientras tú dejas almohaditas en cada espacio que te pudo dar el amor

Oye, nosotros creamos mitos y representaciones, tú especie se vuelve uno
quizá cuando te camuflas avizoras la guerra que no vemos
los sismos que nos dejaron pensando si quedaríamos solos
sintiéndonos la grieta de la pista donde cayeron nuestras ultimas compañías
y un poco de la casa a la que no podríamos ya volver
y, otra vez, no tenemos almohaditas en los pies para entrar en otra enrojecer nuestra nariz
dilatar la pupila y mirar como si el rio se hubiera secado a nuestro lado
y suplicáramos agua y pidiéramos un bote para ahogarnos
así alguien nos salvaría o seríamos otra especie con un pasado extinto
Pero no, gatito, creamos ventanas no para mirar sino para mirarnos
para creer que ya no reptamos, para no saber
que nos estás cuidando la espalda cuando creemos que saltas para jugar
que vigilas muertos para no acabarnos un día
y decir que se pensó
que la vida del humano,
alguna vez, fue mejor que la tuya

El Fénec de Lyon

 

Estoy perdido, repito. “Estoy perdido”

Las últimas acciones serán las primeras
Me confundo con la arena

Fui diseñado para esto.

Pequeño, repito: “Este pequeño está perdido”
Me quejo. Soy un zorro que perdió su instinto entre tu mochila de viaje
y convenciones que no sé de tu ciudad
que se quedó sin desierto y fue feliz de perderlo
Que entendió que tus orejas no debían ser comidas
y que una manada tampoco
Estas son mis primeras palabras
estas serán mis últimas palabras
Aprendí a hablar en otra ciudad
que hasta historias tiene de mi especie
Caminé sin ser mirado por primera vez
y fui más pequeño aún ante un Rey que me contaste que era malo o bueno

pero que fue rey
(Mis ojos se cierran, repito : mis ojos se cierran y ya no sé!)
Era un Fénec tan delgado como para apoyarme en el puente La Fayette
y ver al río Ródano perderse mientras más aguzaba la vista y afilaba los dientes
porque quería comerlo, quería absorberlo, porque aún soy un zorro y no se puede más que eso o menos que eso, depende cómo lo juzgues, señorito
También era un zorro que cazaba y se dañaba el pelaje
e iba a su madriguera a hibernar, hibernar de dolor hasta que se disipe

solo porque era un zorro fuerte contra el sol
Y en Lyon solo un ser vivo frente a más seres vivos, y mi pelaje en la lluvia
eran alcachofas cocidas entre tus manos que servías en mi plato
con mucha salsa, mucha salsa para este zorro que se olvidó de su casa
de la carne cruda y de comer corazones en la arena y huir

Pero las historias de Lyon fuera de Lyon son los nenúfares

sacados del lago: solo viven en agonía 5 minutos
Y como soy predador vi la muerte de uno de ellos en mis manos

relamí mi hocico hasta que se fue el color de todo

Estoy perdido. No llamo a nadie. No es que alguien pueda salvarme

La última llamada fue para mí. Caminé en dos patas hacia la entrada, dejé el bolso de la vida para su revisión, ese donde metíamos papitas y chocolate para escribir, pero…
Llegué. Estoy sin manada. No lo repito.
Un búho impide mi sueño
Escavo y busco mi casa. No está.

Hago un hueco en una duna en un eterno retorno
Llueve. Tengo frío y ahora sí estoy perdido
Las plumas que caen del búho anuncian el otoño
Me estoy almendrando o endureciendo
Es que no es Lyon. Nadie escribió sobre mí aquí
es solo la arena que fluye y fluye intentando cegarme
confundiéndose con el color de mi pelaje
Y entonces soy el nenúfar fuera del lago. Mis orejas se bajan y me abrigan

Estoy aquí. Solo…y el viento lo repite.

 

 

Melissa Olivares (Lima, Perú). Estudió literatura hispanoamericana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Llevó cursos de literatura argentina y psicoanálisis en la Universidad de Buenos Aires.Además estudió dramaturgia en la A.A.A.
Estudió la carrera de Arte, moda y diseño textil en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Estudia el master en Estudios teatrales y literarios en la Universidad de Granada.
En el 2019 publicó su primer libro “La batalla de la vuelta de obligado”.
Participó en Poesía escrita por mujeres y cuento y poesía en la Revista de Literatura y Cultura, Ínsula Barataria 20 (2017) e Ínsula Barataria N°22 (2019) respectivamente. Publicó dos poemas y un artículo crítico: El yo psicótico, el goce de la palabra o el enunciado sin enunciación en el poema “La brisa del N.O.” de 8CCCPP (2008) de Mario Montalbetti” en la Revista de Literatura Lucerna 12 (2019).

 

 

 

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