De vinilos, ritos y satisfacciones

Artículos
junio 12, 2019

 

 

Por Raúl Bustamante (Rulo) 

La satisfacción que hay al escuchar un disco de vinilo va más allá del eterno debate sobre la calidad del audio frente a un archivo digital, pues, aunque existen muchas razones que le dan a este formato la ventaja, dicha sensación de felicidad radica mayormente en la experiencia y en todo lo que envuelve ese momento. Al menos eso es lo que he experimentado.

Tengo 36 años y aunque escuché discos de vinilo de pequeño, en realidad consumí y razoné la música en su totalidad con el casete y, sobre todo, con el CD. Aún recuerdo aquel emocionante rito de ir a comprar un disco nuevo, llegar a casa a escucharlo en quizá no el mejor sistema de sonido, pero sí en ese rincón cómodo donde me tomaba el tiempo de escuchar todas y cada una de las canciones con atención y en orden, mientras observaba el arte, leía las letras y detalles del booklet, y repasaba la portada y contraportada una y otra vez hasta el final de la última canción.

Ese vínculo físico y sobre todo emocional que describo arriba es, me parece, lo que puede lograr que el consumo actual de los discos de vinilo trascienda más allá de una moda pasajera. Me gusta pensar que, actualmente, el recorrer los estantes de las tiendas de discos o emocionarse con nuevos lanzamientos y reediciones, va más allá de aparentar, pertenecer o presumir la colección más grande, sino que en realidad representa la búsqueda de esos momentos de amor por la música en los que genuinamente sentimos que la disfrutamos como debe de ser.

La fiebre por el vinilo ha provocado que, en distintos rincones de la ciudad, del país y del mundo, aparezcan más y más tiendas, algunas especializadas en géneros específicos y sus ramificaciones, y otras con selecciones universales para todos los gustos. Esta diversidad es una de las grandes razones por las que los amantes del vinilo se han adentrado más en el tema, investigado y pulido el proceso que implica encontrar un buen disco a un buen precio. Básicamente, el crecimiento de este formato (aunque no es mucho comparado con el consumo digital), también ha ido generando un tipo de consumo más, lo llamaría, reflexivo.

De hecho, buscar y encontrar esos lugares u oportunidades para comprar un disco también forma parte de todo ese emocionante rito. Viajar, por ejemplo, es una oportunidad única para ir más allá de lo que está a nuestro alcance en cuanto a música se refiere. Algo que me ha dado muchas satisfacciones inesperadas es entrar a una tienda de discos de algún lugar desconocido, pedir recomendaciones y llevarme a casa un disco que nunca he escuchado. No puedo garantizar que esta práctica siempre tenga resultados satisfactorios, pero en mi caso, muchas veces he descubierto gustos de alguien más que terminan conectándose conmigo a través de la tornamesa y las bocinas.

Desde que formo parte del regreso del vinilo, he pensado que el camino para experimentar esos momentos de satisfacción se construye a partir de una selección honesta de tu música favorita, combinada con el entusiasmo del descubrimiento y la sensibilidad para identificar cuáles son los discos que vale la pena reproducir en tu tornamesa. Comprar un vinilo es cada día más sencillo, pero sentirte orgulloso de tu biblioteca musical y saber que, independiente del número, tienes una colección de momentos únicos, es lo que realmente hace de esto un placer.

Y si todo eso que está sucediendo en nuestros tiempos con los discos de vinilo es una moda, un gusto pasajero para quienes encuentran en ellos un hobby o una faceta alternativa de su gusto por la música, pero al mismo tiempo es algo que provoca un consumo más genuino y emocionante, entonces qué más da, ¡que siga la moda y la buena música!

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *