EL MUNDO DESDE UNA TIENDA DE MASCOTAS

Literatura
agosto 21, 2019

 

 

Por Marlene Amaya (Guionista / Espertanto)

 

“Tuve una pesadilla”, me dijo Matrushka. Yo no le creí

porque los gatos no soñamos; pero dejé que me platicara para

matar el tiempo mientras me acicalaba y esperaba a mi dueño

para que me diera de comer. Sus palabras fueron más o menos

así: “Estaba en mi jaula sin hacer nada, viendo como pasa la

gente caminando frente a la tienda, me ven y siguen su

camino. Un niño de no más de 7 años se pega contra el

cristal, hace un recorrido visual que se detiene en mí. No

me despega la vista de encima y recuerdo vívidamente la

incomodidad que sentí; pero al mismo tiempo la incertidumbre

y esperanza de que me llevara con él. Se acerca su papá y le

dice que no. Por lo menos eso entendí con las señas. Después

una señora bajo la lluvia con un paraguas se detiene justo

enfrente de la tienda, me ve con la misma mirada penetrante.

Entra y le pregunta al dueño sobre mi estado de salud y mi

precio; pero le llaman por teléfono y sale de la tienda.

Luego veo a un señor cruzando desde la acera de enfrente con

una niña. Se dirigen directamente a la tienda, me ven y

señalan. Yo me emociono; pero se llevan un par de peces Beta

y aditamentos de pecera, pagan y se van. Recuerdo

vívidamente también como mis esperanzas desaparecieron y

como le di la espalda al cristal. Pasa mucho tiempo y me

vuelvo vieja, hasta que un día siento los cálidos brazos de

un ser humano que me saca de la jaula y me lleva a su casa.

Recuerdo vívidamente lo feliz que me sentí. ¡Por fin alguien

me eligió a mí!, y cuando levanto mi cabeza para ver su

rostro amigable, descubro que ahora le pertenezco a un

traficante de órganos animales. En ese momento me despierto

sudando y temblando, fue cuando te vi a ti, mi querido e

ingenuo compañero de viaje que no sabe lo que le espera a un

par de viejos y enfermos gatos con un consciente o

inconsciente sueño de escape y que siempre vamos a estar en

una jaula, algunas veces más pequeña, algunas veces o más

grande, con o sin cristal.”

 

 

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