Entrevista a Armando Alanís

Entrevistas
junio 12, 2019

 

 

“Un hombre de pocas palabras”

“Olas: Las olas respetaron el castillo de arena,

pero se llevaron al niño”

Armando Alanís.

 

Por Armando Noriega

“… la brevedad es el alma del ingenio”, decía William Shakespeare. Armando Alanís nos dice, en el prólogo de su libro Coitus Interruptus: “Como escritor lo que me interesa es la brevedad: la brevedad extrema. Como buen norteño, soy hombre de pocas palabras”.

Armando Alanís es originario de Saltillo, Coahuila, y radica en la Ciudad de México, “desde que era De Efe”, expresa en su biografía. Estudió un posgrado en Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid. Cuenta con varios libros publicados, en los cuales nos muestra su talento como novelista, cuentista y, por supuesto, minificcionista. Es profesor de la Academia de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), imparte talleres de narrativa y publica semanalmente su espacio “Alfileres” en el suplemento Laberinto del periódico Milenio.

En entrevista con el autor de Lágrimas del Centauro, hablamos de su carrera literaria y periodística y de su faceta como minificcionista, recorriendo un breve camino por su vida como lector y escritor.

Empecé a leer desde los siete años de edad y sigo hasta el día de hoy. Al principio leía de una manera desordenada, lo que me caía en las manos. Fue de más grande que tuve conciencia de que tenía que leer a los grandes autores si quería ser escritor. Y así fue como empecé a leer a distintos escritores. Cuando empecé a escribir, estaba leyendo a gente como Dostoievski y Juan Rulfo”.

El Llano en Llamas de Rulfo fue una obra literaria que marcó a Armando Alanís para convertirse en escritor y dedicarse de lleno a la literatura.

“Lo encontré por casualidad en una biblioteca; nadie me había hablado de él. Leí aquellos cuentos y dije ‘tal ves yo también pueda escribir cuentos que resulten interesantes’ y empecé a escribir en un cuaderno, a mano, algunos textos. En ese momento yo estudiaba la carrera de Ingeniería Bioquímica que, por supuesto, no terminé”.

Aquellos primeros cuentos del minificcionista aún existen en algún cuaderno dentro de su biblioteca, alguna vez tuvo oportunidad de publicar en un diario de su tierra natal, Saltillo.

Dostoievski, Rulfo y Kafka son escritores claves para la creación literaria de Armando. Leyendo a estos autores fue como su literatura fue tomando forma, sin utilizar los temas escritos por estos tres novelistas.

Alanís tuvo la oportunidad de conocer a uno de los grandes escritores que ha dado México, Juan José Arreola. Su experiencia, nos cuenta, fue una especie de maestría literaria rápida.

“Eso fue años después. Regresé de un viaje de España, donde estudié un posgrado. Vivía en Saltillo. Mi esposa y yo teníamos el teléfono de Arreola que nos había dado un amigo escritor de Celaya, ya fallecido. Nos atrevimos a llamarlo y le envié por correo algunos cuentos. Cuando vine con Susana, mi esposa, a México, lo volvimos a llamar y por casualidad nuestro hotel estaba a dos cuadras de la casa de Arreola. Nos fuimos caminando a su casa y lo encontramos un poco deprimido. Nos decía: ‘llegan muy tarde a mi vida . Es octubre, hace frío, me duelen los huesos’. Susana le dijo: ‘se ve usted muy bien, muy guapo’. Y como era muy vanidoso, se le levantó el ánimo y se pasó toda la tarde platicando con nosotros”.

Armando Alanís no sólo se dedica a la creación de textos literarios. Durante años ha impartido distintos talleres de creación literaria, compartiendo su experiencia y conocimiento sobre el arte de escribir en diferentes estados de la república mexicana, resaltando talleres de narrativa, cuento y, por supuesto, minificción.

“Parafraseando a Hemingway, un taller literario es muy útil para un escritor que empieza, siempre y cuando lo abandone a tiempo. Porque creo que tampoco uno deba quedarse por la eternidad en un taller de estos: si no, te vuelves demasiado dependiente. Pero es importante someter tu texto a la opinión de otros, incluyendo el tallerista o coordinador de dicho taller. El trabajo de un tallerista literario es aconsejar, tratar de orientar al aprendiz. Pero también decirle las deficiencias del cuento o texto y cómo mejorarlo, eso es valido. Ya el autor sabe si le hace caso o no”.

Alanís creció y se desarrolló en el norte del país, en Coahuila, un estado del cual han surgido grandes escritores como Julio Torri, Miguel Ramos Arizpe y el poeta Manuel Acuña, por mencionar algunos. Platicamos sobre su libro Lágrimas del Centauro, novela biográfica sobre uno de los personajes más emblemáticos de nuestro país: Pancho Villa.

“Pensaba escribir una novela histórica de una etapa que no me tocó vivir. Un día me animé y me pregunté: ‘¿qué personaje de la historia de México es el que más me interesa?’ y en segundos pensé en Pancho Villa. Aún me sigo preguntando el porqué. Pero la verdad, conforme leí sobre Villa, sobre la revolución mexicana, releí novelas y volví a ver películas de este tema, me fue interesando cada vez más y en particular el personaje de Francisco Villa”.

La obra se publicó en 2010, justo en el bicentenario de la Independencia de México y centenario de la revolución. ¿Fue con esa intención el publicar esta novela en esas fechas?

“Sí y no. Cuando la empecé a escribir y me surgió la idea, faltaban todavía cuatro años para el 2010 y yo no estaba pensando en el centenario. Pensé sólo en el personaje tan controvertido y varias facetas, que tiene seguidores y críticos. Para mí es el personaje o uno de los personajes más interesantes de México. Recordé a grandes autores que escribieron sobre él, como Martín Luis Guzmán y Nellie Campobello con su Cartucho de relatos cortos. Y yo quise poner a Pancho Villa al día”.

Alanís no sólo ha incursionado en el mundo literario, también ha probado y disfrutado del periodismo con artículos y algunas publicaciones literarias.

“No me considero periodista, pero sí he colaborado en diferentes periódicos desde que empecé a escribir. Mis primeros cuentos breves aparecieron en un diario en Saltillo, Vanguardia, y después he seguido colaborando con artículos y entrevistas que realizaba a escritores. Ya en la Ciudad de México, colaboré en La Jornada Semanal y para otros periódicos más. Actualmente colaboro en el diario Milenio, en el suplemento Laberinto, con un espacio llamado “Alfileres”, con textos narrativos de una o dos líneas. En cuanto al periodismo y para complementar, también es una elección de cada escritor. Hay escritores que han hecho periodismo. Las dos disciplinas están muy cerca una de la otra, la literatura se alimenta del periodismo y el periodismo de la literatura”.

El escritor se ha empapado de las minificciones, género en el cual se ha desenvuelto literariamente en los últimos años. Hombre de pocas palabras, como él mismo de define, explica si este genero breve es literatura o no y qué diferencia hay entre el chiste y el aforismo en una minificción.

Sí, por supuesto. Podríamos decir que es cuento de pocas líneas. La minificción se ha escrito desde los chinos; aquellos cuentos cortos ya eran minificciones, aunque en ese entonces no se consideraran así. Durante años escritores que escribían novelas o cuentos más largos, de pronto escriben o escribieron alguna brevedad. Sin embargo, este es un fenómeno de años recientes. Esa explosión de la minificción que tiene que ver con varias prácticas que ya son muy de nuestro tiempo. Pero la minificción es un género muy antiguo y claro que es literatura. Se trata de un género hibrido, hermafrodita, fronterizo, que se roza con otros géneros de brevedad extrema, como el aforismo o el poema en prosa. Hay poemas en prosa que también son minificciones. El aforismo igual se puede considerar como uno. Si uno lee las “Greguerías” de Juan Ramón Gómez de la Serna, algunas las califican como minificciones”.

Al ser invitado al encuentro de escritores Lunas de Octubre, en La Paz, Baja California Sur, Armando se preguntó qué textos serían bien vistos sin caer en el aburrimiento o la indiferencia de los asistentes. Fue en ese momento cuando pensó en escribir y llevar algunos textos breves y fue como nacieron sus primeras minificciones.

“Les gustaron. Vi que entusiasmaron y pensé en explotar este género. Empecé ya más en serio, de una manera más enfocada a la creación de mis relatos cortos”.

“Las ideas deben ser enjauladas como los pájaros; si no, vuelan”, nos dice Armando Alanís en su tercer libro relacionado con este género breve, Coitus Interruptus.

La minificción es más difícil de lo que parece. Y no es un mero chiste. Es un humor perverso, con sarcasmo, y hay que saber utilizar las palabras correctas”.

El Autor de Sirenas urbanas regala algunos consejos para la creación de minificciones, para quienes quieran adentrarse en ellas o ya estén el mundo de la creación de literatura en unas cuantas líneas:

“Brevedad. Contar con un mínimo número de palabras posibles. Tener cuidado con el lenguaje. No debe haber una palabra de más ni una palabra de menos y, muy importante: un final que Julio Torri llamaba de aguijón y que Edmundo Valadéz llamaba ‘final de puñalada’”.

La definición de la obra de Alanís, dicha por él mismo es: “mitad imaginación, mitad vivencias cotidianas. No sólo sucesos que me ocurren a mí, sino a otras personas que me rodean”.

El escritor cuenta con la ya mencionada novela Lágrimas del Centauro y cuatro libros de minificciones: Fuerza común, Narciso el masoquista, Coitus Interruptus y Sirenas urbanas.

Sirenas Urbanas acaba de ser publicado por Posdata, en coedición con la Universidad Autónoma de Nuevo León. Próximamente lo presentaré en la FIL de Arteaga, Chiapas, y en Monterrey. Ya con esto son cuatro libros y ya tengo un surtido rico de minificciones. En este vienen noventa minificciones, es más extenso que mi libro anterior. Y ya estoy por sacar el quinto, llamado Alfileres, un compilado de los “Alfileres” que he publicado durante más de tres años en el diario Milenio”.

Acerca del nuevo lenguaje utilizado por los jóvenes, gracias a las redes sociales, Armando opina que se puede emplear, siempre y cuando se sepa hacerlo.

“El lenguaje coloquial hay que saberlo manejar. Contados escritores lo han logrado. Por mencionar un par: José Agustín lo hace con mucha eficacia, tiene muchos lectores pero no muchos discípulos. Charles Bukowski es otro claro ejemplo. Todos quisieran escribir como él y jamás lo logran”.

Al finalizar la entrevista, Armando, sentado en su sillón y con el fondo de su amplia biblioteca, lee dos minificciones de su reciente Sirenas Urbanas. Literatura breve, literatura de dos líneas que les comparto a continuación para cerrar esta charla entre el escritor y éste que entrevista y por supuesto, entre ustedes, queridos lectores que nos acompañaron en esta charla literaria no tan breve pero amena.

 

Informe

 

Las verdaderas sirenas no tienen cola de pescado, no están en una isla sino en una playa nudista sus cuerpos tostados por el sol, se ignora si saben cantar.

 

Tinta

 

Escribía con la tinta de su sangre en cuadernos de hojas blancas, un día y otro hasta que se le acabó la tinta, y con ella, la tinta.

 

Fotografía de Armando Alanís: Sara Faure Landois.

 

 

1 thought on “Entrevista a Armando Alanís”

  1. Jorge dice:

    Armando Alanís es un gran escritor. Los felicito por la entrevista. Saludos

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