NOTA ROJA, un cuento de la escritora Gabriela Santamaria

Literatura
julio 7, 2020

 

 

Me siento en el área de fumar, tomo el periódico (uno de esos de nota roja que hacen recordar que hay gente más desgraciada que uno). Comienzo a leer una noticia: “Muere atropellada por un cerdo”. La maldita curiosidad y el morbo me hacen terminar de leer. Mientras lo hago, no puedo dejar de imaginar la cara infeliz del reportero. Los periodistas son lobos en busca de carne fresca, quienes por las noches se alegran de que alguna desdicha le haya ocurrido a otro ser humano. Son como esos insectos horripilantes, sumamente extraños, verdaderos chupa sangre. Se alegran al escuchar los rumores de que hay un muerto, por ahí, en la ciudad, y corren a buscarlo. Arman una fiesta cuando hay más de dos; la muerte les es familiar. Es simpática por cierto la cara de decepción que muestran cuando, al llegar al lugar, no encuentran un cadáver para rendir cuentas a sus jefes editoriales. Perversos y malignos, así son los reporteros de nota roja.

El mesero me trae la carta de alimentos; no sé por qué, yo sólo pedí un café americano. Tiene cara de cansancio, y a la vez de curiosidad. Me hace un gesto amable, torciendo la boca de un lado a otro. Dice:

—Toda la gente que viene a este lugar lee ese mismo periódico, y en cuanto me ve venir lo dejan de inmediato, como si les avergonzara. Los clientes se ruborizan de que alguien los vea leer esa sección.

Lo escucho, y muevo la cabeza para no parecer descortés. Da media vuelta, y continúa limpiando las mesas del lugar. Al ver que se retira, le grito:

—Sólo checaba los resultados de los partidos de fútbol.

El mesero contesta:

—Todos los clientes dicen checar los resultados del futbol y la lotería.

En ningún momento suelto el periódico. Doy vuelta a la página, donde se muestran las fotografías de la tragedia. Una chica atropellada por un transportista de puercos, cerca de una granja de Milpa Alta; por eso el siniestro encabezado. ¿Qué tienen que ver los puercos? Títulos para vender, una porquería. Al mirar con atención las imágenes me doy cuenta de que la chica, ensangrentada y tirada en plena calle, tiene un tatuaje igual al mío, idéntico al que hace dos años me grabé junto con el amor de mi vida (o por lo menos así lo pensábamos ambos en ese entonces). Mi novia y yo nos tatuamos un dragón rojo en el hombro izquierdo. Y ahora el dragón está allí, en la foto. Busco con desesperación más datos sobre la víctima. No hay más. Intento buscar la nota en internet, sin resultados. No existe señal alguna de que se trate de Diana, pero tampoco hay indicios de que no lo sea. Hace tiempo que no sé de ella, porque después de tanto amor nos bloqueamos de las redes sociales.

El mesero se acerca de forma misteriosa. Me sirve otra taza de café. Enciendo un cigarro; estoy cada vez más ansioso. Tengo un extraño presentimiento. La chica de la nota roja es Diana, debe ser ella. La verdad me gustaría saber si es, o no. Sin embargo, en un momento de lucidez, comprendo que debe darme igual: el rencor que le tengo es más fuerte; y en caso de que fuese, bien merecido se lo tiene. No investigo más. Pongo el diario a un costado, en otra mesa, y bebo mi café con serenidad.

 

 

 

Gabriela Santamaria Santiago (México) Licenciada en Educación egresada de la Escuela Normal Superior de México. Profesora de Educación Básica en la SEP. Siempre interesada en la promoción de la lectura y en los movimientos contraculturales de los jóvenes, en la música y en el aprendizaje de los niños y adolescentes. Actualmente se desarrolla como profesora de lengua y literatura.
Algunos de sus cuentos y reseñas aparecen en la revista “Horizontum” y en la revista “La sirena varada”. Colaboró también en la revista “Literae” y “Letra en Movimiento”. Recientemente en la revista “Los Heraldos Negros” y en el blog “Pálido punto de luz” (educación). Participó con uno de sus cuentos en la antología erótica “La fiereza de lo amado” 2018. Es editora general de la Revista Anestesia. Actualmente tiene una columna de minificción en la Revista Arte Boticario.

 

2 thoughts on “NOTA ROJA, un cuento de la escritora Gabriela Santamaria”

  1. Jovita dice:

    Orale es corto pero incita al lector a seguir leyendo, felicidades!!

  2. Joaquín Allier dice:

    Es un buen cuento , te hace trabajar tú mente en que habrá pasado……

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