Selección poética de la escritora cubana Giselle Lucía Navarro

Literatura
junio 1, 2020

 

CUANDO LA CALMA ENVEJECE

 

El mundo crece deprisa
en la piel de mi ventana.
Se repite la mañana
y la tarde en mi camisa.
Hay un silencio en la brisa
y mi corazón no entiende
la inmovilidad. Se extiende
un deseo en mi cabeza.
Cae la noche en mi mesa
mientras el papel se enciende.

Solo mi palabra es puente
para aliviar el silencio.
Cuando la pluma potencio
en mi piel algo se siente.
Una nostalgia presiente
el insomnio que me inunda.
La soledad de mi funda
me desconoce en sus redes
y esta casa y sus paredes
me va creciendo, profunda.

Nos separa un mar y un muro
de tiempo que no concilia
la lejanía. Me auxilia
tu palabra en mi conjuro.
Algo surge prematuro
entre lo ausente y el trece.
Algo inocente parece
detenernos a pensar.
Algo me impulsa a sembrar
cuando la calma envejece.

Este encierro no detiene
mi movimiento, el desvelo
también me estruja el pañuelo
sobre el rostro. Algo sostiene
mi palabra, algo retiene
mi beso y tu abrazo inmenso.
Algo nos marca el suspenso
entre lo vivo y lo muerto.
Algo me dice que es cierto
ese esperado comienzo.

Mientras el papel se enciende
crece un árbol en mi mesa.
La ciudad en mi cabeza
me escribe alas, se extiende,
y mi corazón comprende
el silencio que agoniza
en la calle y mi mañana,
si en la piel de mi ventana
el mundo crece deprisa.

 

LA CASA HA EMPEZADO A ROMPERSE

 

Mi cuerpo es mi casa.
Mi casa es mi cuerpo
y en sus columnas se sostienen todos mis dilemas,
pero el cuerpo se me ha llenado de agujeros
y por ellos se escapan todos los dolores.

La casa ha empezado a romperse
y es escaso el material para componerla.
Por eso las grietas siguen avanzando
y las cajas se elevan con fuerza
y las plantas asfixian las ventanas.

La casa parece derrumbarse
mientras la asimetría de nuestros diálogos es más punzante.

Cada vez que comenzamos a reparar una pared
esta maldita nostalgia nos golpea
y nosotros también nos golpeamos
como aves analfabetas que desconocen la jaula.
Nadie puede enseñarte a vivir,
por eso cada día es una victoria,
pero una victoria desequilibrada en su propio significado
podría también ser una derrota.

La casa nos deja solos.
Somos cuatro aves que apenas logran reconocerse,
cuatro habitaciones amarradas unas a las otras,
cuatro aves que saben cómo volar
pero no pueden separarse
y no quieren separarse.

La casa ha empezado a romperse
pero la bala que se incrusta en la pared nos impide repararla
y es tan grande el amor que nos tenemos
y nos conocemos tanto
que cuando nos miramos a los ojos
ya no podemos soportarnos.

 

PIROPOS

 

Una palabra en la distancia me golpeó de pronto.
Una palabra y un silencio que se borró a sí mismo
en el significado obsceno de la conjugación de un verbo.

La mujer contiene su ira contra el lenguaje
y se coloca los audífonos para no sentir nada,
para habitar en los espacios del sonido,
la tranquilidad paralela del sonido,
ajena a los disparates de su raza,
limpia de la lujuria de las calles,
dentro de sí misma.
Protegida de todo y todos,
sin perfumes, ropas y sonrisas,
inocente, libre, todavía niña,
sin curvas o edades,
sin sexo.

 

OTRA VEZ EN EL PRINCIPIO

                                                                   En el Malecón

 

Alguien supo que las aguas no serían mansas
y el muro difícil de olvidar.
Ningún golpe de suerte lo desterraría.
Las piedras de las otras orillas son inciertas
como los rostros de las barcas que se asoman a la costa,
como los planes de los ojos que se van sin mirar atrás.

Alguien supo que la noche estaría fría
debajo de las estrellas de esta incertidumbre,
la maldita incertidumbre que no avanza ni retrocede,
solo permanece,
permanece como las rocas del muro,
el aire que sostiene a los aviones
o la distancia embalsamada
en los ojos de aquellos que nunca la han visto.
Cualquier espacio sería necesario,
cualquier orilla la adecuada.

Sobre los muros bajitos nunca hay espacio libre.
Todos saben que la noche es fría
y deben cuidarse de las aguas indóciles,
por eso están esparcidos sobre el muro.

Hay música
ojos
bocas
idiomas
y preguntas.
El muro es lo suficientemente grande
para cubrir la orilla y protegernos de todo,
pero aquel que se sienta en el muro
solo ve la distancia.

 

 

 

Giselle Lucía Navarro (Cuba, 1995) Poeta, narradora y diseñadora. Es licenciada en Diseño Industrial por el Instituto Superior de Diseño de la Universidad de La Habana y egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Profesora de la Academia de Etnografía de la Asociación Canaria de Cuba. Dirige el Grupo Literario Silvestre de Balboa. Ha obtenido diversos reconocimientos entre los que destacan el Premio Edad de Oro 2018, el Pinos Nuevos 2019 y el David de Poesía 2019 que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Ha recibido menciones en los concursos internacionales Ángel Gavinet (Finlandia, 2012), Poemas al Mar (Puerto Rico, 2012) y Nósside (Italia, 2019). Ha publicado Contrapeso (Colección Sur Editores, 2019), El circo de los asombros y ¿Qué nombre tiene tu casa? (Editorial Gente Nueva, 2019). Textos suyos han sido traducidos al inglés, francés e italiano, y publicados en antologías y revistas de Cuba, España, Chile, Perú, Estados Unidos, México, Finlandia, Venezuela, Argentina, Puerto Rico, Italia, India y Bélgica.

 

 

 

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