Isaí Moreno: Orange Road

Artículos
septiembre 13, 2019

 

 

Por Alejandra Inclán

 

Resulta inquietante el inicio de la lectura de Orange Road, esto porque entra de lleno con el abandono del hogar del personaje principal, esto debido al llamado de alguien superior en la secta a la que pertenece.

Isaí Moreno nos entrega una novela corta, impactante de inicio, con un ritmo hipnótico que va provocando repulsión y mareos a la par de lo que sucede en los personajes.

La carretera de Orange Road se vuelve una especie de camino de iniciación donde los seguidores de la secta buscan ser dignos de recorrerla.

Un tema difícil de manejar, pero que Isaí logra plasmar de tal forma que se sienten los pensamientos del protagonista, desde su apasionamiento hasta sus dudas.

Para quienes no hemos estado cerca del sectarismo extremo, nos acerca a la visión que ellos traen impresa gracias a sus líderes y que los conducen a no sólo a realizar actos en favor de su grupo, sino a la transgresión de sus cuerpos y a comportamientos kamikazes.

Una de las claves para esa espiral literaria que provoca vértigo a cada página es ese ritmo que brota con esa leve nostalgia por el abandono de lo cotidiano, hasta la perdida de cualquier rastro de vida anterior, para una entrega en la que el único objetivo es el lugar más allá de Orange Road, donde consumaran el despertar de la humanidad.

La predecible frustración a los planes no logra a desanimar la lectura, pues, así como la adicción de los personajes por ciertas sustancias, los párrafos se nos van haciendo necesarios para terminar de entender por qué alguien se puede sumir tanto por creencias sin aparente sentido.

Esta historia sólo podía ser contada como novela corta, el cuento no hubiera quedado redondo, la novela habría caído en el aburrimiento o en el desespero del lector, por lo que este punto medio fue una buena elección, con la que se cae en el balance necesario para que podamos sentir como se debe el efecto Orange Road

Tengo como dos semanas de haber leído la novela y hasta hoy pude hablar de ella, pues aún voy saliendo de la resaca que me dejó.

 

 

 

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