Selección narrativa del escritor español Manuel Díaz García

Literatura
junio 15, 2020

El buen lacayo

 

Era pequeño, pero tenía el carácter de mil demonios y, si además le añadimos que era exuberantemente peludo, aun asustaba más. A veces me hablaba de una manera tan suave, que parecía que quería hipnotizarme; y yo me dejaba hacer y me sentía, como si de repente yo, fuera tan blando por fuera, como de algodón, como si de buenas a primeras me quedara sin huesos, y era entonces cuando él aprovechaba para hacer conmigo lo que quería. Nadie entendía nuestra amistad, ni que aquel minúsculo ser, tuviera a su merced a un hombre tan fuerte y robusto como yo, y, a decir verdad, yo tampoco lo entendía, quizás no fuera más que otro dilema, de los tantos que hay en este mundo, que no tienen lógica, vamos lo que viene siendo: ni pies ni cabeza.

Solo sé que, ahora que no está, echo de menos ser su lacayo y, a veces, me sorprendo buscando a un Señor que sepa sacar de mí lo mejor, y yo servirle con gratitud.

 

            Poco a poco, caemos todos

 

No sé si alguien en la ciudad conoce de veras lo que es el amor. Hoy en día parece que todas las ciudades estén infectadas por un maldito virus que impulsa a sus habitantes a comprar sin reparo. Una vez conocí a una jovencita de Roma que, después de dejarme exhausto en la cama, me decía que la gente de hoy ignora el arte de amar, y argumentaba su tesis diciéndome que la gente vive en un falso postureo constante. Que van a los lugares, cualesquiera que sean, y no disfrutan de ese espacio, no lo aman, no sienten el amor que emana de ellos, solo piensan en la estúpida foto de turno y, partida de risa, terminaba diciendo: “ya verás cuando se pongan de moda los selfies follando, entonces sí que daremos pena, no solo no sabremos lo que es el arte de amar sino que además todos seremos unos mal follados” A mí no me quedaba otra que dejarme contagiar por su risa.

Pero de aquello han pasado ya varios lustros, hoy miro las ciudades vacías de amor y me dan pena, por suerte aún no se han puesto de moda esos selfies sexuales, aunque por extraño que parezca todas las semanas recibo selfies de escenas de cama de Rafaela, ya no sonríe como antes y su mirada está muerta.

 

Mejor Ser, que estar

 

“Recuerde Señor Díaz, no se deje digitalizar nunca, diga siempre lo contrario de lo que piensa cuando, gente como nosotros, lo entreviste. No deje el alma dormida, ¡hombre por Dios! Avive, avive, y no sea nunca un simple y vulgar cordero”

Esto me lo decía el Señor Gutiérrez cada dos por tres. Era el jefe de sección de la empresa de estadísticas en la que trabajo. Un tipo frío, huraño, muy suyo. En la oficina solo me sonreía a mí y al joven becario, que llevaba de becario con nosotros, cinco años. Ahora, hablar más allá de la correcta educación que le presuponíamos todos, solo lo hacía conmigo y, se sinceraba en tantas cosas que yo, muchas veces, era incapaz de procesarlas. Tal vez mi amistad, inexplicable, con él, fue lo que me hizo ocupar su puesto después de que desapareciera. Nunca supimos qué fue de él, aunque, las opiniones y los chismorreos eran varios, “que si se fugó con el joven becario, que desapareció al mismo tiempo”, “que si hastiado por su mala leche, terminó suicidándose”, “que si miró mal a la persona equivocada y esta lo mato y luego desapareció el cadáver”. En fin, para todos los gustos, colores y mentes retorcidas. Yo estoy seguro de que vive, tan solo fue que se cansó de ser un cordero y se convirtió en la oveja negra que siempre quiso Ser y nunca lo dejaron.

 

 

       Pequeños matices, grandes dilemas

 

Una noche de verano, de no importa qué año, pues, al tiempo, hay que ignorarlo, en la medida de lo posible, porque tiene la mala y desagradable costumbre de gastarnos la vida. Estaba ella buscando el amor, pero no cualquier amor, sino el que la hiciera sentir dama y ramera sin despreciarla. Buscaba al hombre que le demostrara que el mundo no caminaba si ella no lo consentía. Ansiaba un amor idealizado y enfermizo, y no lo sabía.

Él, se dice que era tan apuesto y galán, que estaba en el centro de las historias fantasiosas de deseos prohibidos y pasiones ocultas de todas las damas de alta sociedad, sin él saberlo, ni quererlo, pues, sus pasiones más íntimas eran otros las que las despertaban.

Cruzaron sus miradas azuleadas por casualidad, en un parque, y ella supo sobre la marcha, que era su príncipe azul, él supo que ella era algo para él, pero no el qué. Comenzaron a frecuentar aquel parque hasta que, por fin, antes de acabar el verano se dirigieron la palabra. Ella envalentonada, fue directa y le confesó su amor, dejándole claro que él era el príncipe que tanto había anhelado.

Él, que siempre fue reservado hasta extremos insospechados con sus deseos carnales, se abrió para ella, sin saber ni él mismo por qué, y le confesó que él también andaba a la caza de un príncipe azul.

 

 

           El resultado de Ser

 

Todo ser humano es el resultado de las experiencias vividas o, para decirlo de otra manera, el resultado de las cicatrices y heridas que se va forjando a lo largo de su vida. Si es un resiliente buscará cicatrizar sus heridas e intentará aprovecharlas para salir fortalecido de cada batalla. Si por el contrario padece el síndrome, enfermizo y destructivo, del victimismo, solo conservará heridas abiertas que le irán pudriendo el Alma. Luego hablará mal de su padre, intentando excusarse y dirá de su madre barbaridades para tener un culpable al que responsabilizar.

Yo desde muy pequeño tuve claro que soy mitad hombre (mi padre), mitad mujer (mi madre), o sea, que soy la naranja completa de dos medias naranjas que se encontraron en el jardín del Amor. Con las heridas atesoro enseñanzas y con las cicatrices hago poesía y, siempre, ando explorando este inmenso continente que es la vida, y no me canso de aprender con grandes y pequeños, viejos y nuevos, animales y flores, y tengo claro que no estaré completo hasta mi último día en la tierra, que me cogerá camino del oasis del conocimiento.

 

 

     Tierra de herejes

 

Los curiosos acontecimientos que me llevaron a determinar actuar de la forma en la que lo hice, que, de no ser por ellos, de ninguna manera yo habría actuado de ese modo, pues, aunque de familia pobre, tuve una correcta educación. Por esos acontecimientos y no por otra cosa, faltaría más, que son los que constituyen el tema de esta crónica, la del peor día de mi vida. Hombre, imagínense ustedes, con qué cara voy yo a salir ahora a la calle, ni mirar a los ojos a ninguno de los doloridos. Ahora bien, si hay algo que me duele es el mote que me ha quedado después de aquel día. De esos desafortunados acontecimientos que se fueron uniendo les daré una breve lista: un frío que despertaba a los muertos, que Dios me perdone y los difuntos sigan descansando en la Gloria del Señor si los ofendo con la expresión, pues, para nada es lo que intento, solo quiero que sean conscientes de todo. La sotana y la ropa interior algo húmedas porque no tenía mudas limpias por la falta de sol de aquellos días, el vino que se acabó, y que algunas veces sirve para calentar el cuerpo aparte de para la consagración, la puerta del velatorio siempre abierta porque, por lo visto, por la mañana la habían roto y no se podía cerrar y abrir. Concluyan ustedes en estas cumbres en las que el frío pela, no poder atajarlo ni un momento. Cómo iba yo a renunciar al potaje de coles de Doña Catalina, ¡imposible!, aunque sobre la marcha sospeché el desenlace, pero me hice valiente, y creí poder sobrellevarlo, y pude, hasta la hora del sermón, cuando más atenta estaba la parroquia, empecé con las tracas y voladores, y no vean que vergüenza, no lo olvidaré en la vida. ¡Óiganme ustedes!, que a cualquiera le puede pasar, que todos somos hijos de Dios, y que Santo Domingo bendito les ilumine y les haga olvidar el percance, y mucho más el despiadado mote de cura cagón, coño. Jesús perdóname, pero a veces pierdo los papeles y no es para menos en esta tierra de herejes.

 

 

Manuel de los Reyes Díaz García
Creador del Festival Internacional de Literatura “ELVA, Encuentro de Letras y Versos del Atlántico”, creador del “Artebirgua Literario. Letras en la Cumbre” y del Nanoteatro Mental, director del proyecto cultural “Poesía Viva de la Atlántida”, ha publicado los libros “Memorias de un hombre olvidado”, “El labrador de Versos”, “Con Gáldar en el Corazón – S Agaldar deg ul”, “Nostalgia del olvido” y en marzo verá la luz su quinto poemario: “A golpes con la palabra”. Ha sido publicado en varias revistas digitales a nivel internacional, traducido al portugués y también ha colaborado en la “Antología de Poetas Canarios Homenaje a Luis Natera”, en la Antología Internacional de Poetas, “Mil y un Poemas Saharauis volumen VI”, en la “Antología de Poesía y Narrativa Hispanoamericana del siglo XXI” de la editorial Lord Byron Ediciones y en la “Antología de Palabra y Verso”. A petición del poeta Javier de la Rosa, escribió la contraportada de su libro “México el camino del Sol” y ha prologado varios libros. Miembro de NACE: Nueva asociación de escritores canarios.

 

 

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