Reseña: Como caracol

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octubre 11, 2019

 

 

Por Alejandra Inclán

 

Julieta es una joven de 16 años que prácticamente no conoce a su abuelita materna, apenas tiene recuerdos vagos de ella. Pero eso cambia cuando Mariana, la abuelita, le deja un regalo en su cumpleaños: un cuaderno con frases de libros o de autores, el cual le hace querer saber más de ella.

Aparentes secretos familiares salen a flote, la mamá de Julieta le dice que tiene derecho a tener una relación con su abuelita, aunque ella no se lleve con su madre.

Así empieza esta novela “Como caracol”, de Alaíde Ventura, premio Gran Angular 2019.

De alguna forma la novela se divide en dos partes. La primera narra la construcción de la relación de Julieta con su abuelita, en la que encuentra una comunicación que no se da con su familia.

Lo que podría parecer una manera larga de llegar al planteamiento principal de la historia, en realidad se va convirtiendo en lo más grato de la novela, en la que la parte joven de Julieta da esa sencillez para ir captando mediante las acciones la esencia de cada personaje. La narración se da en primera persona y es con los ojos de Julieta que conocemos a Mariana, mujer inteligente, arqueóloga, independiente y con una candidez que enamora.

Situaciones y personajes de la escuela y otros fuera de esta van pintando el contexto para hacer la historia más cercana, viva, con matices de cotidianidad, donde un transcurrir normal nos va conduciendo a la parte en la que todo se cae. Mariana tiene Alzheimer. Esto no es un spoiler, la novela va de eso, sólo que su tratamiento aparece cuando el personaje de la abuelita se ha vuelto entrañable para el lector y vamos sufriendo con Julieta o con Mariana (o ambas, depende de la edad del lector) el proceso de deterioro.

A pesar de que se podría prescindir de aderezar la novela con un romance, este se suscita sin llegar a ganar protagonismo, se da dando sin forzar, sin convertirse en la prioridad de la historia, sino en un apoyo fundamental para que el curso de los hechos no carezca de huecos, dando razón de ser a otros personajes secundarios.

Por cuestiones narrativas y de no alargar la historia innecesariamente, presentando los hechos en un presente y sin recurrir al salto de años, Alaíde Ventura “acelera” el proceso de “olvido” del Alzheimer, creando una tensión a partir de la que se desarrolla la que llamo la segunda parte de la novela.

Lo que parecen secretos se van mostrando más como situaciones “naturales” que puede vivir toda familia, lo que le da a la lectura ese sabor de estar frente a un retrato familiar bien contado y que nos deja huella.

¿Por qué “Como caracol”? Para saberlo hay que ir a la lectura, y la respuesta es sencilla como todo en el libro. Y recordemos que lo sencillo no es sinónimo de malo, de hecho lograr esa sensación sólo los buenos narradores.

Un libro considerado de literatura juvenil, pero en realidad es para todos.

 

 

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