SELECCIÓN POÉTICA DE LA ESCRITORA ELIANNE SANTIAGO

Literatura
marzo 19, 2020

 

 

Por Elianne Santiago  

 

PARA OLVIDAR

Dormir para olvidar
esta finitud de islas que somos
y retornar al día

en que los charcos no eran aciago imprevisto,
sino la osadía de un arlequín en pleno acto;
el amor, no un ave herida

de oscuros presentimientos,
sino el azul de un cielo extendido
a perpetuidad.

No tener más memoria que la del viento
anunciando el advenimiento de una promesa.

No temer cada noche al espanto
de sabernos cada vez más solos.

 

FANTASMA

He visitado tantos sueños
y de tantos más estoy hecha
que, al cabo, mi piel les pertenece.

Nadie pude tocarme tan real
si no atreve la espesura.

No pertenezco a este mundo:
hace tiempo partí en un buque de palomas,
sin posible estela.

Mi rostro muda con el paisaje
a cada cambio de luz,
sortilegio de cuanto me atraviesa
y torna diversa.

Me reconozco un fantasma:
no somos más que eso.

Mejor saberlo antes de desaparecer
más pronto de lo que suponemos.

 

LO QUE NO SOMOS

No soy este cuerpo,
no esta aparente distancia
entretejida de silencios,
no esta invisibilidad de sensaciones
en permanente fuga.

Rendida a la inmensidad,
me desdibujo múltiple,
infinita, incierta,
rastro de lo que se sueña
largamente para despertar
a un primer asomo:

negro resplandor de semilla.
verde eclosión espasmódica,
roja algarabía de la aurora.

Nada sobre la palma del viento,
sólo el cálido soplo de lo que sucede
y se prolonga en el aliento divino.

 

RESPLANDOR

Sobre tierra de tormentas
me ha nacido un relámpago en el pecho,
donde la voz de Dios resplandece
y ciega con su misterio
las cotidianas palabras que nos definen.

Advenimiento de un tiempo
por cubrir de asombros la mirada.

 

T R A V E S Í A

Sea la travesía nuestro destino;
el rastro de arena, memoria del viento,
y una parvada de estrellas, generosa guía.

Sean los pasos el eco de una voz
que en sueños nos revele la ruta
hacia el continuo amanecer del alma.

Así, trasterrados en el tiempo, vagabundos,
entre arpías y malas sombras acechantes,
rememore el corazón la Palabra:
su vino escancie,
en nuestra sed de peregrinos,
la luz que despierte la sangre
e ilumine en su venero los signos.

Sea la claridad dentro una semilla;
el cuerpo, un árbol al final del viaje
–armadura de cicatrices y cantos.

Dolor y contento, una misma savia,
arrebol en fogatas celestes de nuestras horas.

En cada nube, cada piedra
–lo que del instante es, lo que permanece–
sea la raíz el camino,
una misma agua en mudanza,
crecida en espejos de luz:
principio y retorno de nuestros pasos.

 

LA ESPERA

Cobijada por el ala del recuerdo,
la espera madura su exaltación,
aquieta sus ansias como la simiente
donde el sueño del madroño aguarda.

Poco importa el cierzo invernal,
el látigo con que somete al renuevo
y amedrenta la templanza de la hoguera,
para un tiempo que se ovilla amoroso
en torno al corazón frugal de la crisálida,
ahí donde, secreto, el palpitar de un aleteo persiste
ante la continua emboscada de la muerte.

 

OLVIDO

Imperceptible y lentamente
me desovillo,
destejo el cardumen
de historias que fui
y me fundo cambiante guiño de luz
entre el vaivén de las aguas.

No vinimos sino a olvidar
para dejarnos ir sin lamentos,
para volver a donde desde siempre
es intuición del mar que somos.

Un día tuve un nombre y una balsa,
algún día creí tener un nombre y una balsa,
una noche salvé a un náufrago del frío,
alguna noche un náufrago me salvó del frío.

Hoy nada queda sino la estela del recuerdo,
y el recuerdo es el comienzo del olvido.

 

PIEL DE PIRATA

Padezco el frío de la ausencia
bajo las aguas de una sábana que insomne
te inventa en la memoria de sus olas:
búsqueda inútil
del aroma de tu cuerpo en sus tejidos.

Marinero de remotos crepúsculos,
me niego a ovillar las lágrimas de tu sudario,
no nací Penélope, tengo sed,
y el frío, puñal de incólume fiereza,
eriza mis ansias.

Nací pirata,
no puedo aguardar tu retorno,
es hora de levar anclas
al incierto mar de otros lechos.

 

AMANECER

Soñé que aguardabas abrir un poema
en medio del silencio
para desmentir la noche y la distancia,
para con palabras rendir la aflicción
de nuestros cuerpos que tan a solas
se aman con sólo un nombre entre el deseo.

Y aquella ilusión fue promesa
de un mañana donde, por fin, refugiarnos
hasta la piel de un ocaso dispuesto a nuestras avideces,
arrullados por el festivo enjambre de gorjeos
que custodiara las calles de nuestro andar fugitivos,
en medio de ciegas nocturnidades.

Escuché tu petición en el peñasco de los imposibles,
la vi perderse en picada
sin temor a estrellarse en algún punto incierto,
a no hallar respuesta;

pero me sabes mejor que el tiempo de mi forja,
sabes que en lo profundo espera
la oscura sirena que en su estuario de olvidos
te recuerda, la que de tu gemido hace una resonancia
capaz de eternidades para no morir de días enfermos
por tu ausencia, la que mina todo clarear
si no fulgura en tus ojos,
la que de lamentos estremece al viento.

Soy la que en sueños te adivina,
aun cuando lo incierto te niegue un rostro
y un beso te desvanezca entre la niebla
como a un espectro, sin dejar más huella
que tu aroma de felino en celo.

Oblígame a burlar la pesadilla,
desciende hasta mi sima tu rostro
para espantar el miedo de haber enmudecido,
de no reconocer más sonido
que el llanto con que te di forma.

Recorre esta sombra
y enciéndela con tu voz
hasta que vuele hecha trizas,
para conjurar la pavura
y recomenzar un tiempo de amaneceres
en la primer palabra de un poema
que nos despierte salvos.

 

 

ELIANNE SANTIAGO (Toluca, México, 1977). Estudió la licenciatura en Letras Latinoamericanas en la UAEMéx. Realizó estudios en Creación Literaria en la Escuela de Escritores del Estado de México (SOGEM), y en la UNICENTRO, Paraná, Brasil, donde llevó a cabo cursos de perfeccionamiento de la lengua portuguesa. Se ha desenvuelto como catedrática, correctora de estilo y, en el ámbito editorial, como coordinadora de la revista Castálida, del Instituto Mexiquense de Cultura. Ha sido alumna de los talleres de poesía dirigidos por Enriqueta Ochoa, Óscar Wong y Dolores Castro. Obra suya aparece antologada en el libro La Mujer Rota, publicado por Literalia Editores (Guadalajara, 2009), y en el pliego Pavesas, editado por La Colmena (núm. 59, julio-septiembre, 2008), entre algunas otras publicaciones. Ha participado como ponente y lectora de su obra en diversos foros y medios. Recientemente concluyó la licenciatura en Psicología y se desenvuelve en el ámbito de la psicopedagogía.

 

 

 

 

 

 

 

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