ESCRITORAS MEXICANAS: Guadalupe Vera

Literatura
noviembre 16, 2020

LA NIÑA VESTIDA DE SOMBRAS

 

 

Todo plazo tiene un término

 

Apenas acababa de iniciar la cuarentena, y la “abuelastra” la mujer con quien pasaste los últimos días decidió dejarnos estar unos días contigo, sin que te empezara a negar con excusas de que te encontrabas dormido o que ella se sentía mal para recibir visitas. En fin, mi padre siempre me dijo que estaba un poco desequilibrada esa mujer, pero mi buena fe me hacía creer que al final de tus días se portaría a la altura de las circunstancias, pero creo fielmente que a veces le tengo mucha fe a la gente. Siento que eso no pasará. Ya afrontaremos los problemas legales y ocurrencias de “ella”. Pero eso no importaba. Tenía que aprovechar los momentos permitidos.

Llegué a tu cuarto para poder hablar contigo un tiempo a solas. Tú, mi hombre de secretos, tenías las pupilas inundadas, no porque quisieras llorar. Yo ya sabía, desde hace mucho tiempo atrás, que cuando la edad te impide seguir huyendo de la muerte por los andares cortos, torpes y lentos, se filtra agua en la mirada, y ese día, la poca vida que aún te mantenía, emanaba restos de sal en bocanadas agonizantes por tus ojos.

Siempre fuiste un puño de hierba de romero para mí, que calmaba penas, y suturaba con calma, grietas de realidad; un pedazo de ramos esotéricos que evitaba hablar de lo que encontraríamos cuando tuviéramos podridos los sentidos. Alguien que negaba los espíritus ambulantes o milagros, y aun así me sanaba de la rutina de los días. Sabías de mis gustos por los temas ocultos.

Cuando nos permitían encontrarnos y hablar a solas, en esos pequeños lapsos de tiempo, intentábamos explicarnos el comportamiento del hombre, ¡hasta dónde es capaz para sentirse importante! Nos encantaba filosofar y llegábamos a la conclusión que nosotros éramos peligrosos, y podríamos ser, cualquiera, la analogía de bestias egoístas que tontamente buscaban espacios de inmortalidad sin entenderla.

Sin embargo, llegó ese día donde encontré tu mirada ahogada, tal vez porqué sabías que sería la última vez que nos veríamos y ya no había tiempo de intentar entender al hombre sino a la muerte, y me confesaste tu último secreto: “¿sabes? Te sueño de niña, pero estoy despierto. A veces creo que te sales de mi mente y te escondes entre los muebles, las cortinas, y cuando el viento hiela más la carne, abres las ventanas para reírte cerca de mis orejas, soplarle a mi pelo cano e inundarme los ojos con memorias alegres.”

Yo me quedé paralizada, recordé a la Bisa, tu mamá cuando me platicó la visita de esa señora con las siguientes palabras cortas… “¡Arregle sus cosas Isidrita, nos vemos en un mes!” La Bisa, me lo había contado cuando los demás no escuchaban, y yo sabía que la abuela ya no tendría fuerzas suficientes para escapar de la mujer borrosa para nosotros, los que no teníamos los ojos llenos de agonía.

Ahora al final de la historia de vida de su hijo, una historia parecida, pero con otra visitante que se presentaba en los últimos días de vida de mi abuelo. Me regresaste de la memoria al presente cuando sentenciaste: “sabes que no estoy loco, pero veo a una niña, se parece a ti, quiere que vaya con ella. ¿Te opondrás a mi cita? Sabes bien quién es ella, ¿verdad? Hubo silencio: los dos sabíamos de quién se trataba.

Me fui con el corazón roto, pero con la esperanza de verte después. Ya no pasaría. La cuarentena se alargaba más tiempo y ocho días después, hubo una cita entre ustedes dos en la que no pude estar presente, y te las arreglaste para enfrentarla sin mí.

La voz de un amigo te confirmó que no llegaría y sé que sonreíste, porque nunca te gustó verme llorar. Asentiste, y ya sin temblores en el cuerpo, -viste una pequeña vestida de sombras que sonreía, con el pelo desalineado y que te mostraba juegos y risas entre sus palmas. Venía acompañada con siluetas conocidas para ti. Te rendiste. El camino por andar parecía más interesante sujetando la mano de esa niña con amigos que ya habían partido de este plano desde hace tiempo atrás.

Quiero creer que la muerte se presentó a ti de la misma forma cómo habías encarado la vida. La tuya fue siempre un disfrute de juegos, donde al final ya no te importaba perder.

He de confesar que aún me pregunto, si al haber tomado de la mano a la niña, con abismos en las miradas que arrullaban, sabías que no era yo, y sí la llave que abría la puerta a una parte de eternidad que te permitiría sentirte libre sin un cuerpo lento, antes de renacer otra vez.

Yo, mientras tanto, te he de confesar también que estos días de encierro han preparado un juego mental bastante peculiar. He de confesar que me divierto al ver tu silueta escondida entre las sombras de la recámara de mi casa; aún no veo tu imagen clara, pero sé que sonríe ese ser que se parece a ti.

Por si las dudas, me ha dado por besar más a mis hijos, y poner en regla algunos papeles y es que no sé si seré lo suficientemente fuerte para desaparecer esa imagen al poder ya salir de casa más libremente, o ella “Esa silueta que se parece a ti” se apresure a formarse más clara antes de que se termine la cuarentena y me convenza de ya no salir e irme “contigo”.

 

 

 

 

GUADALUPE VERA: Siempre he tenido la necesidad de escribir, contar historias como vocación de vida, y llenar mi vida de libros. He publicado algunas poesías y relatos cortos en varias revistas digitales. En “Letras de Parnaso” (España), cuento con un espacio de publicación mensual de nombre “Letras de México” donde toco temas culturales e historia de nuestro país.

Gané un concurso de cuento en la FIL 2014, donde se publicaron los 20 mejores cuentos de un certamen, siendo “Mariposas de humo” el cuento ganador.

Encabezo un movimiento de nombre “Escritores con causa” donde varios escritores acudimos a las escuelas para acercar a los niños a la lectura, sin ningún costo.

Publiqué con editorial Endira mi primera novela de nombre La Ceiba de Zyanya, donde relato la historia de una mujer mestiza que tiene que afrontar su pasado y mientras lo hace nos revela algunas enseñanzas de la sabiduría Maya.

Cuento también con las publicaciones de “Contradanza a ciegas” un libro de poesía en coautoria y la “La Mamá más mala del mundo” el primero de una serie de libros para niños y se publicarán para finales de este 2020 “La gatita Janice, o ¿qué hacer después de un torbellino?” y “Gatiazul”,

Mi segunda novela “Marcados” relata historias de tatuajes que se entrelazan, que hablan acerca de supervivencia, del significado de la muerte, y de los daños que todos tenemos marcados, que perpetuamos, y deseamos evidenciar en la piel. Dicho libro estuvo varios meses en primer lugar de ventas de Editorial Endira, además de estar en varios países de habla hispana.

Me encuentro sumamente feliz de publicar próximamente “Los Secretos de las Brujas de Salem” un compendio de cuentos en coautoria con otras escritoras, que narra los más ocultos secretos de este pasaje de la historia. Dicho libro es resultante de un taller que lidereo con el nombre de “Escribe y Publica”.

FB.

Guadalupe Vera Escritora

La Mamá más mala del mundo

Contradanza a Ciegas

La Ceiba de Zyanya

Instagram. Guadalupe Vera @Lupusvera

Twitter. @lupusvera

Correo electrónico: gverag@yahoo.com

 

 

 

 

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